
La película "El discípulo" de Emilio Ruíz Barrachina se estrenará en España el próximo 23 de abril, y el día 14 de abril sale publicado el libro, con el mismo título, basado en la película.
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JUAN G. BEDOYA 24/01/2010
Marcial Maciel soñaba con ser proclamado santo universal... y acabará en los infiernos más profundos de su iglesia. Los últimos descubrimientos sobre la doble y exagerada vida del famoso fundador de los Legionarios de Cristo y del grupo sacerdotal Regnum Christi no dejan lugar a dudas, y eso que aún no ha concluido la investigación ordenada hace un año por Benedicto XVI. Lo que ya se sabe es demoledor. El líder de uno de los más exitosos movimientos del nuevo catolicismo no sólo fue notorio pederasta y drogadicto. También tuvo hijos -al menos cuatro, quizá seis- con varias mujeres, plagió descaradamente el libro de cabecera legionario, titulado El salterio de mis días, e impuso a toda la organización un cuarto voto de silencio para guarecerse de denuncias. Uno de sus antiguos colaboradores le acusa incluso de haber envenenado a su tío abuelo, el obispo Guízar, que avaló la exitosa carrera eclesiástica del ambicioso sobrino en el convulso México de los años treinta del siglo pasado.
"¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia!" Este clamor le valió un pontificado al entonces cardenal Joseph Ratzinger. Lo pronunció en un vía crucis en abril de 2005, a punto de reunirse el cónclave para elegir al sucesor de Juan Pablo II. El todopoderoso prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex santo Oficio de la Inquisición) sabía de qué hablaba. Los cardenales electores, también. Sobre la mesa del Papa anterior, Karol Wojtyla, se habían acumulado acusaciones de pederastia contra miles de sacerdotes, y también quejas por el encubrimiento de esos delitos por algunos jerarcas en Estados Unidos, Irlanda, Italia, Austria e, incluso, España. El alemán Ratzinger aparecía como el único de los reunidos con información y autoridad suficientes para atajar tal estado de cosas.
El propio Juan Pablo II no se libraba de las críticas. Por citar sólo el caso del fundador de los Legionarios, a la mesa de trabajo del Papa polaco habían llegado durante años cientos de denuncias sobre las andanzas y desviaciones del sacerdote Maciel. El Pontífice las despreció. Maciel era uno de sus preferidos. Llenaba plazas y estadios de fútbol en los viajes del líder católico por el mundo, junto al otro movimiento de moda, el Camino Neocatecumenal del español Kiko Argüello. Aquella protección contra toda lógica amenaza ahora con ensombrecer la anunciada beatificación de Juan Pablo II, a poco que funcione la famosa y vieja figura -desaparecida como tal- del abogado del diablo en todo proceso de canonización.
Cuando el todavía cardenal Ratzinger clamó contra la "suciedad" interna en su iglesia, los cardenales se convencieron de que era el hombre a elegir. Dos días más tarde lo hicieron Papa, el 19 de abril de 2005. Fue entonces cuando se empezó a cavar la tumba del hasta entonces intocable fundador de los Legionarios. Una de las primeras medidas anticorrupción del pontífice Benedicto XVI, en mayo de 2006, le alcanzó donde más dolía. Maciel debía abandonar Roma apresuradamente, y retirarse a su México natal. También debía dejar el poder en manos de alguno de sus colaboradores. La decisión del Vaticano parecía humillante -Maciel era obligado a llevar "una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a cualquier forma de ministerio público", se le ordenaba-, pero no acalló el escándalo. Demasiado poco castigo para documentadas acusaciones de abusos sexuales en varios países. Como disculpa, Roma apeló a la edad avanzada del encausado, casi nonagenario. Maciel moriría poco más tarde, en enero de 2008, en Cotija (Michoacán, México). Asunto zanjado, suspiraron sus antiguos amigos en el Vaticano.
Se equivocaban de punta a cabo. Además del clamor dolorido de las víctimas, que pusieron el grito en el cielo por la benevolencia de Benedicto XVI, ahora entraban en escena autoproclamados hijos y mujeres de Maciel reclamando atención y derechos. Todo empezó en Madrid, adonde Maciel venía con frecuencia, a veces discretamente. Al fin y al cabo, fue aquí donde fue recibido con los brazos abiertos en 1941, nada más fundar en México el movimiento de los Legionarios de Cristo, con apenas 20 años de edad. El ministro de Asuntos Exteriores de entonces, el democristiano Alberto Martín-Artajo, fue el encargado de introducirlo en la nacionalcatólica sociedad franquista. Hoy, los Legionarios cuentan en España con una Universidad -la Francisco de Vitoria, en Madrid-, varios seminarios y cientos de colegios, entre otras muchas propiedades.
Los primeros rumores sobre la doble vida de Maciel provocaron un revuelo morboso entre algunos legionarios, abrumados, sobre todo, por las acusaciones de pederastia, que hasta Roma avalaba oficialmente. Si su adorado fundador conoció mujer y tenía una hija, eso espantaba, según ellos, las sospechas del horrendo pecado de pedofilia. Así que lo que debía ser gestionado en sumo secreto, pronto fue un clamor público, filtrado desde dentro. Maciel no sólo tuvo aventuras amorosas, sino que en Madrid vivía una hija suya, con nombre, apellidos y un número de portal concreto en unos lujosos apartamentos de la calle de Los Madroños. La chica, ya madura -la madre murió hace años-, se llama Norma Hilda y ha pactado silencio a cambio de una pensión vitalicia. Quien selló el acuerdo y se ocupó de que la rocambolesca historia acabase ahí fue el mismísimo secretario de Estado vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, durante una visita semioficial a España. Ocurrió en los primeros días de febrero del año pasado. El dinero no fue un obstáculo. Hace décadas que en ambientes hostiles el grupo del Maciel es conocido, con ironía, como los Millonarios de Cristo.
Animado por el éxito del apaño maquinado en Madrid, Benedicto XVI tomó otra decisión, con la esperanza de difuminar el escándalo. Ordenó que la investigación se extendiese a toda la organización. El argumento de la medida era inatacable: si el fundador legionario había llevado una vida de crápula, ¿cómo es que nadie de su entorno lo advirtió y denunció? Para encontrar respuestas, el Papa nombró a cinco "visitadores", todos ellos obispos: Ricardo Blázquez, de Bilbao (España); Giuseppe Versaldi, de Alessandria (Italia); Ricardo Watty, de Tebladpic (México); Ricardo Ezzati, de Concepción (Chile), y Charles Joseph Chaput, de Denver (EE UU). Watty inspeccionaría en México y Centroamérica; Chaput, los centros legionarios de Estados Unidos y Canadá; Versaldi, los de Italia, Israel, Corea y Filipinas; Ezzati, los de Suramérica, y Blázquez, los de Europa, con la excepción de Italia. Para facilitarles el trabajo, el Papa, único que puede atar y desatar esas cosas en la confesión católica, derogó el cuarto voto de la Constitución legionaria, que obliga a los seguidores de Maciel a confesarse sólo con sus superiores y a guardar secreto de los conflictos internos.
En un principio, la inspección ordenada por el Papa fue tomada por el sucesor de Maciel al mando de la Legión y del Regnum Christi, el también mexicano Álvaro Corcuera, como un gesto de confianza. El propio cardenal secretario de Estado, Bertone, había dado pie al equívoco en la carta en la que comunicó públicamente la decisión papal. "La visita apostólica es de fundamental importancia y merece la pena consagrarse a ella con amplitud de miras y limpio corazón. [Los legionarios] Siempre podrán contar con la ayuda de la Santa Sede para, a través de la verdad y la transparencia, en un clima de diálogo fraterno, superar las dificultades existentes", decía la carta del cardenal al sacerdote Corcuera.
Lo que no podían prever entonces ambas partes es el aluvión de noticias sobre la vida secreta de Maciel, ahora sin control posible. Para colmo, había entrado en acción un abogado de prestigio, anunciando acciones judiciales civiles, que siempre sacan de quicio a la Santa Sede. El letrado se llama José Bonilla. Uno de sus hijos fue sometido a abusos sexuales a la edad de tres años en un colegio de los Legionarios y le ganó a la Iglesia católica un juicio penal por esos hechos. Ahora representa a tres de los autoproclamados hijos de Maciel, con nombres propios y en busca de reconocimiento legal y compensaciones económicas. Se trata de tres varones, hermanos entre sí, de nacionalidad mexicana. El letrado asegura que Maciel habría tenido tres hijos más, incluida la española Norma Hilda, cuya existencia ya ha reconocido oficialmente la Legión. Otro hijo viviría en Londres, y una sexta hija se mató en un accidente de tráfico cuando iba a recoger a su padre a un aeropuerto de París. Norma Hilda, por cierto, cursó su carrera en la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid, propiedad legionaria.
Los obispos visitadores que llevan casi un año investigando en las instituciones y centros de los Legionarios de Cristo y del Regnum Christi no sueltan prenda de sus averiguaciones. Tampoco desmienten noticia alguna, y eso que se publican a diario, sobre todo en la prensa latinoamericana. Reconocen, en cambio, que los cinco prelados han sido convocados a Roma de urgencia para presentar a Benedicto XVI un primer informe de lo actuado. José Martínez de Velasco, redactor jefe de la agencia Efe y el primero que desveló los escándalos de la Legión -publicó en 2002 el libro Los Legionarios de Cristo, el nuevo ejército del Papa, y dos años más tarde, Los documentos secretos de los Legionarios de Cristo-, sostiene que la investigación está "prácticamente concluida", pese a que son muchas las personas que han solicitado ser recibidos para dar su testimonio o desahogarse.
Martínez de Velasco afirma, además, que las acusaciones de pederastia contra Maciel prácticamente no se han investigado porque estaban suficientemente contrastadas. Las primeras denuncias sobre abusos sexuales en centros de la Legión llegaron al Vaticano en la década de los años cincuenta del siglo pasado, durante el pontificado de Pío XII, paternal protector también del sacerdote mexicano. Éste había llegado a Roma avalado por su parentesco con un tío abuelo suyo, Rafael Guízar, obispo de Veracruz y en proceso de canonización por Benedicto XVI como uno de los héroes de la persecución y guerra de los Cristeros en el México revolucionario de los años treinta del siglo XX. Sin embargo, un libro publicado en México con el título El Legionario, escrito por Alejandro Espinosa, sostiene que el obispo Guízar murió envenenado con cianuro por el propio Maciel. "Guízar acogió a su sobrino en su seminario clandestino, pero la buena relación entre ambos duró hasta que el obispo descubrió que el joven Maciel le estaba pervirtiendo su seminario con relaciones sexuales con otros estudiantes. El día en que el obispo murió había tenido una discusión muy fuerte con Maciel", sostiene.
Apoyado con información de algunos testigos del suceso y con confesiones que el mismo Maciel le hizo cuando tenía con él una relación muy cercana, Espinosa armó esta hipótesis. "La muerte de monseñor Guízar no quedó esclarecida. Y cuando años después exhumaron su cadáver, se le halló incorrupto y con el pelo rojizo, tal y como deja el cianuro a los cuerpos. Pero la gente se fue por el lado del milagro", sostiene este ex legionario, él mismo sometido a abusos cuando estudiaba en el seminario que la Legión posee en Ontaneda (Cantabria). Hoy vive retirado en el campo mexicano, con estrecheces económicas y, aún, amenazado por antiguos correligionarios. En cambio, el postulador en México de la causa de canonización de Guízar, el sacerdote Rafael González Hernández, tacha de absurda la historia. "Monseñor Guízar murió en 1938 a causa de una insuficiencia cardiaca y de un ataque de diabetes. Tenía 60 años y ya era un anciano decrépito y acabadísimo, pues gastó su vida al servicio de los fieles. Efectivamente, 12 años después de su muerte, en 1950, sus restos fueron exhumados y se encontraron incorruptos", afirma.
Lo cierto es que, con informaciones de acá y de allá, más lo que le han aportado ya los visitadores, el Papa tiene datos suficientes sobre la situación de la Legión de Cristo y sobre las acusaciones contra el fundador y algunos de sus colaboradores. La decisión que adopte se conocerá el próximo marzo. Según Martínez de Velasco, el Vaticano se debate entre tres opciones: disolver la congregación, proceder a su refundación o designar un comisario pontificio que conduzca a la Legión hasta un Capítulo General de renovación total.
Desde la disolución de los jesuitas en 1773 por Clemente XIV, forzado por los reyes de Francia, España, Portugal y de las dos Sicilias -por motivos de poder, por tanto-, la Iglesia católica no se había enfrentado a un caso igual, esta vez por sucios escándalos sexuales y financieros. Benedicto XVI, él mismo acusado de no haber actuado con diligencia cuando estaba al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se enfrenta al peor momento de su pontificado, sobre todo si la investigación interna confirma una culposa pasividad de Juan Pablo II por amistad personal con Maciel.
Los días de gloria de Marcial Maciel, y los de los Legionarios -unos 70.000, de los que 800 son sacerdotes-, estaban contados cuando un grupo de ex seminaristas de la organización se unió para denunciar ante la opinión pública al fundador y a sus protectores en el Vaticano. Unos, en Ontaneda (Cantabria), y otros, en seminarios de México, todos sufrieron abusos sexuales de su padre confesor. Fueron sacerdotes la mayoría. Tardaron en "contactarse", pero al final fueron "atando datos", dicen, hasta llenar de credibilidad una denuncia, que llegó ante Ratzinger cuando todavía no habían explotado los escándalos de pederastia en la iglesia de EE UU. He aquí la identidad de algunos de los denunciantes: además de Alejandro Espinosa, los hermanos Fernando y José Antonio Pérez Olvera, Samuel Barrales, Arturo Jurado, Juan José Vaca, José Barba y Félix Alarcón. La gota que colmó el vaso de su paciencia fue una frase de Juan Pablo II, amigo y protector de Maciel. El fundador de los Legionarios de Cristo es "un guía eficaz de la juventud", dijo el Papa polaco, de visita en México. Era en 1994. Con este sorprendente piropo del distraído Pontífice, el fundador legionario, que iba para los altares según el polaco, empezó su caída a los infiernos de la Iglesia romana. El proceso contra Maciel, según lo plantearon los ocho ex legionarios y su abogada, la austriaca Martha Wegan, tenía dos planos: el de los abusos sexuales y la adicción a la morfina del fundador, y el que éste dominara la conciencia de sus víctimas mediante la dirección espiritual. Es decir, además de los delitos sexuales, que en 1998 podrían estar prescritos, Maciel había absuelto a sus muchachos en confesión. La figura de la absolución del cómplice, uno de los mayores delitos en la Iglesia católica, no prescribe, y su examen queda reservado a la Congregación para la Doctrina de la Fe. La demanda contra Maciel se presentó en Roma en octubre de 1998 con este título: Absolutionis complicis. Arturo Jurado et alii versus Rev. Marcial Maciel Degollado. Las desviaciones del fundador legionario ya fueron investigadas entre 1956 y 1959, sin resultado conocido. Durante ese tiempo, Maciel fue suspendido como superior general y expulsado de Roma. El cardenal Alfredo Ottaviani, entonces gran inquisidor, encargó al claretiano vasco y futuro cardenal Arcadio Larraona que dirigiese la investigación. Éste envió a sus visitadores al seminario de Ontaneda, pero no resolvió nada.
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Numerosos teólogos han sido castigados dentro de la Iglesia por considerar la sexualidad humana como “un lujo de la naturaleza” y por comprender las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad o la masturbación. Muchos de estos severos apercibimientos los firmaba Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, antes llamada Inquisición.
Por otra parte el Derecho Canónico tiene en cuenta desde tiempo inmemorial los delitos sexuales cometidos por sus pastores, el homo eclesiasticus, pero las Instrucciones del Vaticano para tapar los escándalos sexuales son, como dice una de 1962, de “reserva total”. Marcial Maciel, fundador de la poderosa organización católica de los Legionarios de Cristo fue protegido tras haber infringido abusos sexuales sobre cientos de muchachos a lo largo de varias décadas. El castigo que se le impuso, en mayo de 2006, fue la reclusión en un monasterio mexicano y el alejamiento de la vida pública.
En E.E.U.U las diócesis católicas han pagado miles de millones de dólares para reparar a los que sufrieron vejaciones sexuales por parte de sus sacerdotes. En Irlanda, tras tres décadas de abusos a menores en instituciones gestionadas por la iglesia católica (uno de cada cuatro las padeció), la justicia de la isla ha iniciado los trámites para castigar a los culpables y ha hablado de “arrogancia, ocultamiento, negación a las víctimas” y de connivencia a la propia república irlandesa.
Todos los arzobispos y obispos fueron conscientes de la trama criminal y callaron. El ministro de justicia irlandés ha proclamado que “un alzacuellos no protegerá a un criminal”.
Mientras tanto, la curia vaticana distrae la atención de sus seguidores con sucesos y nombramientos más propios del Medievo. “La Razón” (12-09-2000) titulaba en portada a cuatro columnas: “El Papa practica un exorcismo sobre una chica endemoniada”. Con más trascendencia sociopolítica, la revista “Tiempo” informabade que el 78% de los santos pertenece a la clase alta, el 17% a la media y el 5% a la baja, la mayoría son varones de raza blanca y la diócesis de Madrid es la que más candidatos presenta de todo el mundo.
HISTORIA Y MENTIRAS DE LA IGLESIA CATÓLICA
La teología sirve para adaptar a los nuevos tiempos los dogmas heredados. Los católicos la han necesitado mucho porque la historia de la Biblia está condicionada por su dependencia de los poderes de turno y está llena de reescrituras, añadidos y refundiciones interesadas.
La mayoría de lo que se conoce como “palabra de dios” está copiada, literalmente, de otras religiones: el diluvio universal, el nacimiento de Jesús, la virginidad de María,… Jesús es un personaje del que se cuenta con pocas informaciones fidedignas que no resisten la historia crítica moderna.
Los apóstoles no tuvieron a Jesús por Dios (hubo serias disputas dentro de la Iglesia hasta el 680) ni se instauró ninguna iglesia, ni sacerdocio ni estructura oficial alguna; el dogma de la “Asunción de María” no fue proclamado hasta 1950 y hasta el siglo V era completamente desconocido…pero, la dimensión teológica les resbala, basta con la obediencia pues lo que importa son los mecanismos de poder.
Y esta obediencia ciega nos aporta conductas que reflejan la lejanía vital de los seguidores de la Iglesia con la sociedad actual. En “La Razón” (29-12-2008), un extenso reportaje sobre la manifestación realizada en Madrid, con motivo del Día de la Familia, exponía el caso de la familia Ruiz Pons que desde Valencia acudía disfrazada de “belén” para dar testimonio de su fe.
La familia en cuestión estaba compuesta por los padres y doce hijos, ocho de ellos minusválidos, ante lo que el jefe de la prole declaraba: “dios hace milagros, pero a su manera y somos muy felices”. Entre quienes acudieron a la consagración de España al Sagrado Corazón, ceremonia oficiada por Rouco, (junio 2009), estaba Arantza Díez, con su marido y diez hijos, “educados en casa pues son defensores del “Home schooling”, corriente cada vez con más adeptos dentro de la propia Iglesia, que desconfía del “laicismo y relativismo” reinante en la enseñanza pública.
El laicismo mina los cimientos de una religión acostumbrada a educar a través del miedo y el sometimiento. La Iglesia apoyó con vehemencia el régimen franquista porque ya entonces denominaban a la escuela laica, establecida por la República, como “secta infernal y anticristiana de ateos y apóstatas”. Y también por el creciente prestigio social del maestro que amenazaba con oscurecer la figura del párroco, disminuyendo su influencia en la comunidad.
La depuración de los maestros constituyó un objetivo primordial para el franquismo y el control de la enseñanza representó un pilar básico en la construcción del nuevo régimen nacional-católico.
PODER ECONÓMICO Y CORRUPCIÓN
Los casos de corrupción en los que se ha visto envuelta la Iglesia católica han sido numerosos en los últimos años. La Iglesia se financia fundamentalmente con las aportaciones de sus fieles (la sede del Opus Dei en Nueva York se inauguró en el 2001y costó 70 millones de dólares de los que la mitad se obtuvo de una sola donación), la subvención del estado, lo aportado por empresas de su propiedad, sobre todo en el sector de la edición de libros y medios de comunicación, arrendamientos, herencias…y sus millonarias inversiones.
A lo largo del proceso (por graves delitos económicos) contra Javier de la Rosa, amigo de Juan Carlos Borbón, se supo que 14 conventos y los arzobispados de Toledo y Barcelona tenían acciones tanto en el grupo Torras como en el Gran Tibidabo, principales afectadas del sumario. Diferentes comunidades de religiosos y varias diócesis se vieron millonariamente sorprendidas por las estafas de Gescartera y Afinsa.
Y el último ejemplo lo tenemos en Euskal Herria, en Navarra, donde la Iglesia se ha apropiado en los últimos años y en el mayor de los secretos, de al menos 1087 bienes que pertenecen a los pueblos afectados. Viviendas, locales comerciales, garajes, cementerios, fincas, prados, viñedos e incluso un frontón. La premeditación y alevosía son de tal calibre que el teólogo navarro, Jesús Lezáun, ha afirmado: “los obispos son verdaderos atracadores”. "No es lógico que la Iglesia exija unas conductas de comportamiento y que luego no sea coherente con ellas a la hora de invertir el dinero", ha escrito Alejandro Torres, profesor de Derecho Eclesiástico de la Universidad Pública de Navarra. Como dice un amigo, “la religión es la forma más fácil de hacer plata en abundancia sin exponer el capital”.
Los nombramientos realizados por el Vaticano para dirigir la Iglesia en Euskal Herria (empezando en Iruñea primero con el ultra Sebastián y ahora con el ex arzobispo castrense) demuestran que la institución apuesta por aplastar a sus sectores más comprometidos y dar alas a los más conservadores no sólo en materia ética y religiosa, sino especialmente a la hora de alinearse con las tesis del nacionalismo español. Por todo ello, luchar contra la Iglesia me parece no sólo legítimo sino prioritario para que se desvanezca como institución que representa históricamente lo peor del ser humano.
Les acusa de "perseguir a los homosexuales", "proteger a violadores y pederastas", "dar comunión a gentuza"...
Juan José Millás estalla ante Munilla: “La Iglesia es una institución misógina, homófoba y de extrema derecha”
JOSÉ MARÍA GARRIDO
“Me cansa un poco la hipocresía de que juguemos a escandalizarnos cada vez que la Iglesia hace un disparate de los suyos”, afirmó este viernes el escritor Juan José Millás en La Ventana (Cadena SER), cuando le preguntaron su opinión sobre las declaraciones del nuevo obispo de San Sebastián, el polémico José Ignacio Munilla, quien un día antes afirmó, también en la Cadena SER, que es peor “nuestra pobre situación espiritual” que la catástrofe de Haití.
"Estoy cansado de que cada vez que la Iglesia hace un disparate de los suyos nos preguntemos: ¿Cómo es posible que la Iglesia persiga e invite a perseguir a los homosexuales? ¿Cómo es posible que la Iglesia excomulgue por abortar a una pobre niña de 13 años mientras protege a su violador? ¿Cómo es posible que la Iglesia en vez de llevar a sus pederastas a los Tribuanales los haya protegido y cambiado de colegio para que puedan seguir abusando de los niños? ¿Cómo es posible que la Iglesia, que es una institución misógina que relega a las mujeres a tareas subalternas, pueda tener la influencia que tiene? ¿Cómo es posible que la Iglesia haya dado y dé la comunión a gentuza como Pinochet y Videla mientras condena a una pobre mujer que ha abortado? ¿Cómo es posible que la Iglesia condene el uso del preservativo en África, un continente diezmado por el sida?", se preguntó el periodista.
Más preguntas
“¿Cómo es posible que la Iglesia, que durante los años del gobierno de Aznar estaba encantada de que se produjesen 500.000 abortos al año y no abría la boca, llene la calle de gente y desestabilice políticamente el país cuando el PSOE llega al poder y hace una ley que protege a las mujeres que abortan y a los médicos que hacen esa tarea? ¿Cómo es posible que la Iglesia condene el divorcio y al mismo tiempo quiera tener su monopolio y forrarse con sus tribunales de divorcios para ricos?”, prosiguió Millás.
Misógina
En definitiva, el prestigioso escritor se preguntó “cómo es posible que nos escandalicemos cada vez que ocurre algo que está en la naturaleza de la Iglesia, que es una institución misógina, homófoba y de extrema derecha”.
“No nos queda más remedio”
Y es que el prestigioso escritor está cansado de que actuemos con tanta hipocresía con una “institución que tiene un poder político enorme” y con la que “tenemos que convivir porque no queda más remedio”. Eso sí, Millás pide que “no le demos cuerda, porque aquí lo importante no es lo que ha dicho este pobre hombre de Munilla, si no lo que ha pasado en Haití”.
elplural